EL CRIMEN IMPACTA EN EL DESARROLLO ECONÓMICO

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NOVIEMBRE / DICIEMBRE 2018 | Edición 29


EL CRIMEN IMPACTA EN EL DESARROLLO ECONÓMICO

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n gran parte de la región la criminalidad se ha convertido en una de las preocupaciones fundamentales de la sociedad. Aumenta la inseguridad al mismo tiempo que los recursos destinados a controlarla.

Estudios desarrollados por organismos internacionales han demostrado que el crimen y la violencia reducen significativamente el crecimiento económico y aumenta la pobreza. La sensación de inseguridad, la victimización y el gasto para protegerse de acciones delictivas inciden directamente en la calidad de vida de la población.

Las recientes caravanas de migrantes hacia los Estados Unidos revelaron la existencia de una población que busca mejorar sus oportunidades y que escapa de la violencia. Con independencia que pudiesen haber existido motivaciones político-partidistas en la generación de los primeros grupos de caminantes, el crecimiento de la caravana incorporó a personas que ven en Norteamérica la oportunidad de una mejor vida.

Las variables más eficaces en la disminución del crimen han sido el aumento del número de policías, el incremento de las condenas a infractores, la disminución relativa de la criminalización del consumo personal y médico de drogas, despenalización de las faltas menores por sistemas de multas, suspensiones o trabajo y el fortalecimiento de políticas de disminución de la natalidad no deseada.

Por otra parte, se ha demostrado que los delincuentes son seres racionales que miden los costos y los beneficios antes de cometer un delito. Comparan la ganancia producto del delito contra la condena si son descubiertos, multiplicada por la probabilidad efectiva de ser detenidos.

Esta sencilla ecuación demuestra que si la tasa de sentencias crece a un ritmo menor que la tasa de delitos, la probabilidad de ser detenido disminuye sistemáticamente. Ello facilita que se presente una constante que incentiva el incremento de la delincuencia debido al aumento del costo de oportunidad de lucrarse con la actividad criminal.

En conclusión, diseñar políticas públicas contra la delincuencia en cualquiera de sus formas es bastante más complejo que emitir leyes endureciendo las penas, reducir montos o cambiar la metodología estadística. El verdadero desafío es enfrentar con transparencia los incentivos que facilitan la ocurrencia de delitos, como son las penas irracionales para delitos menores, la criminalización de faltas administrativas, y centrar la atención en la insuficiencia de policías en las calles.

A ello se agrega fortalecer la capacidad de sentenciar a los delincuentes, aumentar la capacidad de absorber a la población penal, y en general reorientar los gastos que no estén relacionados específicamente con esta última trilogía. Más y mejores policías, eficacia de los tribunales para condenar y capacidad para encarcelar a los sentenciados, son las principales conclusiones de las experiencias internacionales exitosas.

 

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