ENERGÍA EN CENTROAMÉRICA

Costa Rica da el ejemplo con una matriz renovable. En Nicaragua, Honduras y República Dominicana predomina la generación térmica. Capacidad instalada regional: 55%, renovable y 45%, no renovable.


La energía es una variable fundamental para el progreso de cualquier nación. Los países más avanzados han optado por un enfoque basado en la sostenibilidad energética como base de su estrategia de crecimiento. Este concepto incluye la seguridad energética entendida como la gestión efectiva y fiable de los recursos energéticos locales; la equidad energética definida como la accesibilidad e igualdad en la disponibilidad de energía para la población y la sostenibilidad ambiental basada en el desarrollo de fuentes de energías renovables y bajas emisiones de carbono.

La energía, entendida como la capacidad de producir un “trabajo”, constituye un elemento indispensable para el desarrollo económico y social. Sin ella no hay progreso ni capacidad de insertarse en las economías mundiales. Es cara en los países de menores recursos; pero se paga un precio más alto si no se disponen de matrices energéticas eficientes, confiables y estables.

La mayoría de los países de Centroamérica han pasado por sucesivas crisis 
en la administración de sus sistemas de generación y distribución. Racionamientos, sobreprecios y apagones fueron comunes en algunas naciones durante la década pasada. No disponer de redes de energía confiables empuja a los ciudadanos a disponer de generación con pequeños motores de combustión, cuya contaminación y gasto en consumo sobrepasa los costos de comercialización de sistemas con generadores eficientes.

En la actualidad, una gran cantidad de naciones disponen de sistemas mixtos, donde la gestión pública se interrelaciona con la privada. Generadores, redes de transmisión y distribuidores de capital estatal y privado constituyen un complejo sistema de empresas de diverso tamaño, origen y capacidades.

Durante la década pasada, la matriz energética de la región estaba soportada sobre tecnologías tradicionales. Ahora los expertos del sector observan un ‘boom’ de energía renovable. En Centroamérica esa evolución se observa especialmente desde el año 2005. Se ha visto en las fuentes “sustentables” una manera de proveer electricidad de forma eficiente, segura y compatible con el medio ambiente. Incluso se han dictado regulaciones, que adaptadas de recomendaciones internacionales, estimulan e incentivan una producción energética renovable que se agregue a la red eléctrica disponible.

En la actualidad, una gran cantidad de naciones dis- ponen de sistemas mixtos, donde la gestión pública se interrelaciona con la privada. Generadores, redes de transmisión y distribuidores de capital estatal y privado constituyen un complejo sistema de empresas de diverso tamaño, origen y capacidades.

En la región se producen avances importantes en la incorporación de estas tecnologías impulsadas por la misma industria y el sector agrícola. Según un informe de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), al cierre de 2015 la composición de la matriz energética de Centroamérica y República Dominicana alcanzaba un 46% de fuentes térmicas y
de 54% renovable. La producción total de energía ascendió a 63.729,9 GWh.

De ese 54% renovable, la hidroeléctrica abarcó el 36%. Las tecnologías de cogeneración, un 6%; la geotérmica, un 6%, y la eólica un 5%. La generación solar llegaba al 1%; y el biogás y biomasa apenas fueron representadas.

Costa Rica, El Salvador, Guatemala y Panamá presentan una matriz energética donde predomina la energía renovable. En Honduras, Nicaragua y República Dominicana se imponía a esa fecha la generación térmica.

En Costa Rica, la producción térmica representó apenas el 1% de su matriz de generación, a pesar de que su capacidad instalada fue del 20%. La energía hidroeléctrica ocupó el 75%, seguida de la geotérmica, eólica y la cogeneración.

República Dominicana y Honduras son los que más dependen de la generación térmica con un 92% y 56%, respectivamente.

En el período 2010-2015, la producción de energía renovable en Costa Rica creció en un 19,7%, alcanzando una capacidad instalada del 80% al 2015. Mientras, la térmica bajó en un 83,1%.

En El Salvador, la generación de renovables presentó un leve descenso de 16,2%. En tanto, la de energía térmica aumentó en 18,5% y su capacidad instalada al 2015 fue del 30%.

En Guatemala, la generación por fuentes renovables aumentó en 40,8% del 2010 al 2015, y alcanzando a representar el 58% del total de la potencia instalada. Mientras, la generación térmica subió en 11,8% y llegó a ocupar el 42% de la capacidad insta- lada de su matriz.

En Honduras, la producción de energía por medios renovables incrementó en 16,3% en el mismo período, y alcanzaron una capacidad instalada del 58,5%. La generación de la térmica subió en 34,7%.

Nicaragua presentó un alza de 62,8% en la generación por fuentes renovables en el mismo período y llegando a una capacidad instalada del 46% de su matriz. En generación de energía térmica mostró una disminución de 0,46%.

La generación renovable en Panamá creció en 52,8% y su capacidad instalada fue del 66%. La producción térmica se mantuvo estable, con un leve aumento del 0,86% y alcanzando una capacidad instala- da del 34%.

En República Dominicana, la generación de renovables bajó en un 15,1%. Estas alcanzaron representar el 19,7%, del total de la capacidad instalada. La generación de energía térmica subió en 26,8% y su capacidad instalada fue de 80,3%.

CAMBIOS EN LA MATRIZ

Para Salomón Ordóñez, gerente general de la empresa hondureña Electricidad de Cortés (Elcosa), en Centroamérica hay una tendencia clara hacia un portafolio estratégico que logre una relación favorable de 80% de producción de energía eléctrica con fuentes renovables y un 20% con centrales termoeléctricas. Señaló: “La mayor influencia de la entrada de tecnología renovable en
la región es en la reducción importante del uso de centrales termoeléctricas utilizando combustible derivado del petróleo, ya que el mismo es importado y por lo tanto implica fuga de divisas
en cantidades grandes, y la disminución importante en la dependencia de un suministro tan volátil como son los combustibles derivados del petróleo”.

En el contexto de las centrales utilizando fuentes de energía renovable, Centroamérica se encamina claramente a impulsar con más inversión las centra- les eólicas, fotovoltaicas, hidroeléctricas y geotérmicas.

En este mismo ámbito se espera un crecimiento acelerado en la inversión de centrales de almacenamiento de energía de grandes capacidades, lo que todavía está en investigación y desarrollo a nivel mundial; pero con posibilidades bastante fuertes de ser empleados en forma comercial en el corto plazo.

“La combinación de grandes centrales fotovoltaicas con centros de almacena- miento de energía de tamaño industrial revolucionará el mercado centroamericano y muy en particular el de Honduras”.

A nivel de centrales termoeléctricas, la tendencia va hacia la utilización del Gas Natural Licuado (LNG), y otras, hacia el carbón mineral. Ambos tipos de tecnologías tenderán a presionar para abajo los precios de la energía eléctrica en la región. No obstante, la tendencia será mucho más fuerte a desarrollar centrales termoeléctricas utilizando LNG por su gran cualidad de producción y porque ambientalmente es mucho más limpia que la del carbón mineral.

“La producción de energía eléctrica con combustible derivado de petróleo crudo tiende a desaparecer de la región para los próximos diez años”.

Elcosa es propietaria de una central termoeléctrica que utiliza como combustible primario Residual No. 6 (búnker) y tiene una capacidad instalada, desde 1995, de 80 MW. En la actualidad, su central
es uno de los suplidores privados y se constituye en parte del bloque de más de 800 MW que garantiza energía continua
y firme durante todo el año. La e ciencia en el período 2015-2016 ha sido de 60 galones por kWh neto.

Elcosa no hizo inversiones este año; pero espera la renovación del contrato de suministro de energía y potencia eléctrica por parte de su único cliente, ENEE, a partir de abril de 2017, para invertir US$3 millones en mejoras a la central y así volverla más competitiva en el mercado nacional y regional. Se prevé también que en el año 2017 se agreguen a su portafolio clientes industriales privados de la zona del Valle de Sula, en Honduras.

COSTOS DE GENERACIÓN

Respecto de la producción, Salomón Ordóñez explica que lo más crítico para las centrales termoeléctricas que utilizan búnker es el costo del combustible, que representa hasta un 70% del costo total de producción.

“Por eso la clave está en el comportamiento de los precios internacionales del petróleo crudo. Durante el período de 2014 al 2016, los precios se desplomaron en casi un 60% en comparación con el año 2013. Esto originó una reducción drástica en nuestros costos de producción de energía eléctrica, beneficio que se trasladó de inmediato a nuestro cliente ENEE”.

Sobre el gasto en mantenimiento, solo los motores representan un 20% del costo total de la producción y no tiene tanto impacto en las finanzas de las empresas como lo tienen las variaciones en los precios internacionales de combustible.
El precio unitario total en los últimos dos años ha oscilado entre 7,0 y 9,0 centavos de dólar por cada kWh.

Por su parte, Jorge Ramírez, jefe de producto de la unidad de negocio de So- luciones de Energía de Schneider Electric Centroamérica, dice que es conveniente mencionar el incremento de capacidad con centrales solares conectadas a los sistemas nacionales. Para el caso, está la central SIBO en Guatemala por 5 MW
y la Central Sarigua en Panamá por 2,4 MW.

Indica que el costo de generación promedio en la región es de 6 centavos de dólar. Mientras, el precio promedio de venta al público en Centroamérica es de 17 centavos de dólar por kWh.

Desde un enfoque medioambiental, menciona que en los anteproyectos de generación eléctrica se gestionan los permisos y aprobaciones ante el Estado de cada país para aprobación del impacto y así proteger el medioambiente de perjuicios a futuro. Además, se tiene previsto en el corto plazo el aumento de generación renovable que no utiliza combustibles como diésel, gasolina o carbón que gene- ran dióxido de carbono.

Para Abraham Riera, gerente de ventas de Equinsa Energy, empresa que ofrece el servicio de energía eléctrica mediante granjas solares sobre azoteas
o techos, techos de parqueo y a nivel de pisos, comenta que en el período 2015- 2016 el crecimiento del kWh contratado ha sido de 200%, un porcentaje realmente significativo.

Añade que uno de los sectores con gran tendencia a adquirir energía solar es el comercial. Hay un alto porcentaje que está migrando a tener una matriz energética híbrida, aprovechando la generación solar durante el día y la energía pública durante la noche o cuando la granja solar no pueda dar la totalidad de la demanda.

“Aunque en este momento el despunte es a nivel comercial, no dudamos que
en el futuro cercano el sector residencial tenga un crecimiento significativo. La tecnología permitirá que en unos años podamos ser autosuficientes energética- mente hablando”, expresa Riera.

Los ahorros dependerán siempre del impacto de la granja solar en cada instalación particular. Según el experto, la única limitante que tienen estos proyectos es la cantidad de área disponible para instalar paneles, y por consiguiente de generación eléctrica. “Hay clientes con áreas peque- ñas, con ahorros ‘pequeños’ y clientes
con áreas grandes y ahorros enormes. Dependiendo de este impacto, los ahorros pueden oscilar entre 10% y 30%”.

Hay varios factores que se combinan para que los países de la región apuesten por la generación de energía solar o fotovoltaica. La principal es la posición geográfica privilegiada de Centroamérica. Las tarifas en la energía pública hacen posibles y rentables los proyectos de autoconsumo, especialmente los solares, concluye Abraham Riera. Es todo un desafío el de combinar decisiones públicas y privadas armónicas con el crecimiento de la demanda de energía.

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