EL IMPACTO DE TRUMP EN CENTROAMÉRICA

La mayor preocupación recae en la disminución de las remesas. En 2016, la región recibió más de US$20.000 millones. Sieca: Retirada de EUA del TPP abre oportunidades para Centroamérica. Sociólogos recuerdan que Obama deportó a más de 2,5 millones de personas en su mandato


Las primeras medidas en materia de comercio no afectan a Centroamérica. Se anunció la retirada de Estados Unidos del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP por sus siglas en inglés), un tratado con el que 12 países, entre ellos Chile, México y Perú, buscaban convertirse en el bloque económico más grande del mundo.

El TPP fue suscrito en febrero de 2016 por naciones que representan el 40% de la economía mundial y casi un tercio de todo el flujo del comercio internacional. Ahora, para muchos, el ganador de esa decisión es China, mediante tratados alternativos como el Acuerdo de Asociación Económica Integral Regional (RCEP) que Pekín viene empujando para una asociación
de 16 países, incluido India. Perú se incorporó.

¿Qué importancia tiene esto para Centroamérica? Javier A. Gutiérrez, director ejecutivo de la Secretaría de Integración Económica Centroamericana (Sieca), considera que la región puede ser un puente de acceso entre las economías emergentes en Asia y Estados Unidos, debido al acceso preferencial con el que cuenta en el marco del Tratado de Libre Comercio entre República Dominicana, Centroamérica y Estados Unidos (CAFTA-DR). Lo mismo es aplicable a México en caso de que sus exportaciones a EUA sufran un retroceso en las condiciones actuales.

“Además del acceso preferencial al mercado estadounidense, Centroamérica cuenta con una larga relación comercial con países como Japón, Taiwán y Corea del Sur, con quien acaba de cerrar negociaciones para un acuerdo de libre comercio que entrará en vigor a comienzos de 2018”.

Esta combinación de vínculos existentes con Centroamérica, así como su posición estratégica y un capital humano joven y en crecimiento, podría motivar a inversionistas y empresas asiáticas a reubicar parte de su producción en el istmo. “La ventaja para la región es que esto fomentaría una mejora en la capacidad productiva. Hay ventajas para que esto ocurra, especialmente en sectores como dispositivos de tecnología y productos industriales; pero será necesario que Centroamérica facilite las condiciones para atraer inversión y capacidades de nuestros socios asiáticos”.

La segunda medida anunciada por la administración Trump implica renegociar con México y Canadá el North American Free Trade Agreement (NAFTA) que entró en vigor en enero de 1994 y que agrupa en una amplia zona de libre comercio a estos tres países. Dejó claro que si sus socios se oponen a un acuerdo “equitativo”, entonces abandonarían el tratado.

Este fue uno de los ejes sobre comercio más importante durante su campaña, señalando que uno de los efectos negativos del NAFTA era la fuga de empleos hacia México. No obstante, Reince Priebus, jefe de Gabinete, dijo en una entrevista a la cadena Fox que con los dreamers –jóvenes indocumentados por quienes intercedió
el expresidente Barack Obama- no hay “planes inmediatos” de expulsarlos.

Sobre Centroamérica, la incertidumbre permanece. Según expertos, como ocurre con cada cambio de Gobierno, el mayor problema que avizoran está relacionado con el endurecimiento de las políticas migratorias y más deportaciones.

A pesar de que los mercados han abierto al alza en Wall Street durante los últimos días, Carmen Aída Lazo, decana en Economía y Negocios de la Escuela Superior de Economía y Negocios (ESEN) de El Salvador, no descarta la volatilidad. “Eso puede generar un efecto en algunas economías, como la de México, con la depreciación del peso que podría abaratar la producción e importaciones desde ese país, desplazando la industria local”.

ZOZOBRA POR MENOS REMESAS

Dentro del contexto anterior el punto más sensible que ha sido considerado es
que las medidas que sean adicionadas en la política migratoria estadounidense afectarán directamente el envío de remesas a países centroamericanos.

Esta es, en general, la mayor preocupación, sobre todo para los gobiernos del Triángulo Norte: Honduras, El Salvador
y Guatemala, cuyas economías y familias se sostienen mayormente con más de US$14.000 millones que entre los tres reciben anualmente.

De esos US$14.000 millones, a noviembre de 2016 los guatemaltecos habían enviado US$7.160 millones; los salvadoreños, US$4.102,9 millones; y los hondureños, US$2.849 millones, a septiembre del mismo año.

En tanto, Nicaragua registró a noviembre US$1.135,8 millones en remesas, República Dominicana, US$4.771,1 millones; y Costa Rica, US$374 millones, a septiembre.

Una disminución en el envío de remesas desincentivaría el consumo y acarrearía importantes desafíos para la economía y la estabilidad social de dichos países.

Carmen Aída Lazo Decana en Economía y Negocios de la ESEN

Al hacer los cálculos, las remesas enviadas a Centroamérica y República Dominicana, exceptuando Panamá que manda más de lo que recibe, suman más de US$20.000 millones. Cifras comparables con las exportaciones y la inversión extranjera.

“La amenaza de deportaciones masivas indudablemente afectaría a los países del Triángulo Norte, donde el porcentaje de remesas a PIB es alto. Eso desincentivaría el consumo y acarrearía importantes desafíos para la economía y la estabilidad social de dichos países”, expone Carmen Aída Lazo.

Es urgente que los gobiernos puedan generar oportunidades de trabajo y crecimiento personal.

Óscar Melara Facussé Socio director de Melara y Asociados

“MÁS POBREZA”

Jorge Tovar, socio de Consultoría Financiera de PKF & Co-Tovar López, coincide en que el impacto mayor será la repatriación de los centroamericanos indocumentados y quienes tengan problemas con la Ley. “Las remesas bajarían”.

A propósito, el experto considera que los deportados, cuyo país de origen sea cual- quiera del Triángulo Norte, serían los primeros en ser beneficiados con los US$750 millones que se estipulan en el Plan Alianza para la Prosperidad, orientado a crear industrias que brinden espacios a la mano de obra, disminuir la inseguridad por efecto de los carteles de la droga y suministrar alimento a la población menos favorecida.

“Aún así se creará un impacto negativo para la región que vendrá a disminuir el producto interno bruto y aumentar la pobreza. Serán años de zozobra e inseguridad mundial a menos que el Presidente Trump cambie la retórica y se enfoque a mejorar
la economía mediante otros instrumentos menos coercitivos y conservando la política del buen vecino”, anticipa.
Óscar Armando Melara Facussé, socio director de la firma legal Melara & Asociados, vaticina que más que esperar deportaciones masivas, se verá un lento proceso de desaceleración en la inmigración a Estados Unidos, debido a que se impondrán mayores medidas de seguridad que desestimularán la inmigración ilegal a suelo estadounidense.

Sin embargo, considera que los países del Triángulo Norte tienen otro problema adicional al factor Trump, y es el hecho de que las generaciones descendientes de los inmigrantes que hoy envían remesas a la región eventualmente dejarán de hacerlo, o al menos no lo harán con la misma frecuencia con que lo hacen las generaciones actuales.

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“Por ejemplo, un padre hondureño envía remesas a sus familiares porque su llegada
a ese país se dio precisamente para lograr ese flujo económico; pero el hijo nacido en EUA quizás no lo hará, o al menos no en
la misma medida que su padre, ya que los vínculos familiares se van perdiendo. En otras palabras, pasan de ser inmigrantes a ciudadanos de raíces latinas y finalmente a ser ciudadanos estadounidenses natos”.

Con ambos elementos en escena, Óscar Melara considera que es urgente que los gobiernos puedan generar oportunidades de trabajo y crecimiento personal.

No hay evidencia de que Trump y su administración sean una amenaza para la región en el tema migratorio, al menos no más que la administración de Obama.

Isabel Rosales Integrante del CLACSO

“Ante un decrecimiento paulatino de las remesas y el flujo de inmigrantes, la falta de oportunidades es el cultivo perfecto para que la juventud vuelva sus ojos al crimen como medio de agenciarse fondos de forma fácil, y ello solo traería mayor inseguridad

que de no controlarse puede llevarnos a una situación caótica de ingobernabilidad”.

“VIENE UN POCO MÁS DE LO MISMO”

Isabel Rosales, integrante del Grupo
de Trabajo “Migraciones: desigualdades y tensiones” del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), y miembro de del Instituto Centroamericano de Estudios Sociales y Desarrollo, localizado en Guate- mala, lamenta que todo el discurso se centre en ‘Trump, el gran deportador’.

“Ese es el imaginario que se está construyendo cuando Trump todavía no ha empezado a hacerlo. Hay una diferencia entre el discurso y lo que efectivamente pueda realizar. Probablemente, vaya a seguir la política en materia migratoria que Estados Unidos ya traía desde el Gobierno del ex-Presidente Obama, la cual no ha fue compasiva con los migrantes. Durante su período, Obama de- portó alrededor de 2,5 millones de personas. A pesar de todo, lo que establece Trump es el tema del muro y de deportar a personas que tengan temas pendientes con la ley. Lo que viene es un poco más de lo mismo”.

En el marco de esas posibles disposiciones es necesario notar que muchas personas han emigrado y que se intensificó ese proceso desde que Trump ganó las elecciones. Entre las razones figuran el temor por el cierre de la frontera, las deportaciones masivas y el cierre de fábricas en México.

“Por ello, los migrantes están arriesgándose más en este momento para poder llegar a EUA y enviar todas las remesas posibles antes que se endurezcan las políticas migratorias con Trump”, dice Isabel Rosales.

Lo que podría observarse, según la experta, es que se fortalezcan las plataformas que ya existen desde los Ejecutivos y Legislativos centroamericanos y del Caribe, y que a partir de ello se formulen y presen- ten propuestas para evitar cambios muy radicales que podrían traer consecuencias más graves.